Soy criador, emprendedor y padre. Vivo entre perros, proyectos y familia. Todo lo que hago nace del mismo impulso: crear con sentido, trabajar con honestidad y vivir con la libertad de quien construye su propio camino.
Mi filosofía es vivir con propósito y libertad.
“Haz las cosas bien, incluso cuando nadie esté mirando.” – anónimo
No creo en la suerte ni en los atajos. Creo en la estructura, el trabajo bien hecho y la coherencia. Donde otros ven límites, yo veo sistemas que pueden mejorarse.
Lo que realmente me mueve es ayudar a que otros también encuentren su forma de vivir de lo que aman,
con honestidad, visión y libertad.
Comparto lo que aprendo criando, emprendiendo y viviendo con animales. Reflexiones, decisiones reales y alguna historia que no contaría en redes.
Crecí entre perros, barro y esfuerzo. Desde pequeño entendí que en mi familia los valores no se explicaban, se vivían: trabajo, respeto y disciplina.
Irema Curtó fue más que un criadero; fue el punto de partida de todo. Aprendí observando, ayudando, y poco a poco entendí que lo que mi padre había construido no era solo una marca, sino una forma de vida.
Desde entonces supe que mi destino estaría ligado a los perros, pero que tendría que encontrar mi propio camino para honrar ese legado sin quedarme bajo su sombra.
Durante años intenté escapar de lo que era.
Quería demostrar que podía valer por mí mismo, sin apellidos ni herencias. Por eso, desde los 16 hasta los 25 años, lancé más de cuarenta proyectos distintos: tiendas, marcas, ideas fugaces… casi todas fracasaron.
Lo hacía más por rebeldía que por pasión. Quería tener mi propio lugar, pero cuanto más me alejaba, más perdido me sentía.
Acabé atrapado en malos hábitos, con la sensación de haber desperdiciado mi tiempo. Pasé por una depresión larga, pero en el fondo estaba aprendiendo sin saberlo.
Cada intento fallido me dio una habilidad nueva: diseño, marketing, estructura, estrategia. Herramientas que, sin darme cuenta, me estaban preparando para lo que venía después.
Un día entendí que no tenía que elegir entre ser “el hijo de” o ser alguien distinto.
Podía honrar mi origen y, al mismo tiempo, llevarlo más lejos.
Acepté mi historia, y desde ahí empecé a construir con claridad.
Ya no se trataba solo de criar perros, sino de crear todo un ecosistema alrededor del mundo canino: empresas, tecnología, formación, trazabilidad, logística.
Descubrí que todo encajaba —que la libertad no estaba en escapar de mi legado, sino en hacerlo evolucionar.
Hoy, cada proyecto que llevo adelante es parte de esa misma visión: construir con propósito, trabajar con estructura y vivir con libertad.
Listo! Ahora te va a llegar un correo electrónico para confirmar tu suscripción. Si no te ha llegado revisa Spam